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La urgencia de Los Valses

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Fotografía: Manuel Cascallar

La banda de Pablo Matías Vidal acaba de publicar Asia Menor, un disco rockero, oscuro y que va a los bifes. Lucas «Pino» González habló con el cantante de Los Valses para indagar sobre el nuevo lanzamiento y los cambios en el sonido de la banda. 

Para Pablo Matías Vidal hay una evolución entre el primer y el segundo álbum de Los Valses. Mientras que su homónimo debut editado en 2014 tenía 35 minutos desplegados en ocho tracks, Asia Menor apenas alcanza los 20 en siete pistas. “Dedicar segundos de una canción a un desarrollo instrumental era un lujo que ya no podíamos darnos. Había cosas que decir, que se tenían que cristalizar más rápido, no se podía esperar”, dice el compositor, guitarrista y vocalista del conjunto.

Acortadas las intros y los intermedios, en la flamante producción se canta desde el minuto cero. “Nos pusimos más urgentes. A las claras, no es el mismo país en el que grabamos antes, y puede tener que ver con eso. Siempre estás atravesado por lo que pasa en otros órdenes de la vida: el ámbito en el que te movés, la ciudad donde vivís”.

La placa, entonces, es más rockera, oscura y menos pretenciosa que su antecesora, que comienza con un tema de casi siete minutos (“Educación a distancia”). Ahora, en cambio, hay más de distorsión y saturación. Guitarras que dejan de sonar tan sobrias, para sumar una cuota de fuzz. “El sonido se robusteció y va mucho más a los bifes”, reconoce.

El audio, sin embargo, no fue lo único que varió en el cuarteto que completan Santiago Peri (guitarra), Gabriel Ricci (bajo) y Oscar Trani (batería). De acuerdo al cantante, existe un contraste muy marcado entre la poética de un disco y el otro. Si en el pasado las referencias estaban relacionadas estrictamente a La Plata (las vías del tren en Calle 1, los muñecos de fin de año), en el reciente elepé hay una expansión geográfica, que excede los muros locales (Ensenada, Almeria, Gibraltar).

Entre la distorsión y las locaciones, también hay espacio para el mundo de la literatura. “Porchia”, la encargada de inaugurar el tracklist, contiene un textual de Voces (“Una cosas sana no respira”), el único libro que publicó el poeta italo-argentina Antonio Porchia (1885-1968). “Para no tener que entrecomillar o poner aclaraciones, se me ocurrió legalizar la cita haciendo alusión al autor en el título”, indica Vidal y explica su relación con la obra: “Me acompañó en muchos momentos de mi vida. Son pequeñas sentencias muy sintéticas, que en más de una ocasión me ayudaron a comprender cosas y me allanaron el camino sobre lo quería o no hacer”.

En cuanto a la escritura, tanto “Porchia” como el resto estuvieron marcadas por una dinámica poco explorada para Los Valses, impulsada principalmente por la paternidad de Vidal. El nacimiento de su hijo cambió las reglas del juego, y la composición no fue la excepción: “Iba a los ensayos con armonías, melodías, ideas, cosas que eran absolutamente moldeables”.

La apertura permitió, por ejemplo, que hubiera cabida para “Ensenada”, una pieza que firma el baterista Oscar Trani. Y también para forzar los límites. “‘Yucatán’ la terminé 15 minutos antes de grabar la voz. Es un modo que antes me hubiera parecido impensado. Para Cerati o Mollo está bien, porque tienen el estudio pago por seis meses, pero nosotros tenemos una manera más expeditiva de trabajo. Igual, me gustó la experiencia. Llegué a lugares que me sorprendieron”.   

Según Lautaro Barceló, guitarrista de El Estrellero y uno de los responsables de Pontaco Editores, sello que editó Asia Menor, en varios de los mundos que habita, las creaciones de Vidal son una especie de causa nacional. “Algo que me parece destacable en ese reconocimiento es que proviene de personas con diversas formas de entender la música y la letra. Es de tono popular, en absoluto snob. Pablo es un escritor de canciones de los mejores de nuestra época y no te deja indiferente”, agrega quien también grabó en su estudio, El Desierto, voces, coros, teclados y guitarras acústicas.  

Este último tópico no es menor si se tiene en cuenta que líder de Los Valses es uno de los trovadores más prolíficos de su generación (NdlR: Además de tener un puñado de discos solistas, integró Orquesta de Perros y Semidesnudos). Aunque él mismo se ocupa de desmitificar la profesión de songwriter. “Componer es algo que va por otro carril, que en otra época me sirvió casi como una terapia, donde contrastaba sentimientos y situaciones que me estaban pasando”, asume y sintetiza cual Porchia que “el proceso, hoy por hoy, se volvió más lúdico. Ya no está tan atado a esa necesidad de sacarme de encima estos demonios”.

Periodista sin título. Escribe sobre música en las webs de cultura ArteZeta, El Bondi y Revista Kunst. También produce el podcast #Playlist. Es de los lectores que subrayan los libros. Escucha rock, pero baila cumbia.