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La Distancia: El cine cerca de la escena musical

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Amparo Torres y Mora Sánchez Viamonte protagonizan La Distancia, una película de Franco Palazzo que se estrenó hace muy poco. Gonzalo Bustos charló con ellos y reconstruyó el estrecho vínculo que mantienen entre el cine platense y la música de nuestra ciudad.

Amparo dice que todo le queda cerca. Ahora que vive en la zona del centro de la ciudad se mueve en bicicleta en un rango de diez cuadras a la redonda. Hoy, por ejemplo, un sábado gris de comienzos de mayo, estuvo viendo a amigos y todos estaban a un par calles de su casa, incluso Mora, con quien ahora va a hablar de La Distancia, la película de Franco Palazzo que se estrenó en la sección Óperas Primas del último BAFICI y que ellas protagonizan.

Amparo es Amparo Torres, la guitarrista y voz de Isla Mujeres, y en La Distancia es Amparo, la guitarrista y voz de Inmaterial. Mora Sánchez Viamonte, la tecladista de 107 Faunos, es Camila en la ficción: amiga de Amparo, baterista de la banda que comparten, la chica que muere y dispara la trama. La película retrata el duelo de Amparo ante la repentina muerte de su amiga: cómo se atraviesa ese momento, qué cosas quedan pendientes, qué es la culpa, el dolor y la distancia. En un relato que avanza despacio y con flashbacks temporales, la historia se vuelve sensorial, texturada y una experiencia vincular del espectador con la situación de la pérdida.

La Distancia, además, tiene otras capas de sentido. La historia de Amparo y Camila es la de dos amigas de La Plata que comparten una banda, que estudian en la universidad pública, que recorren la escena musical de la ciudad. Entonces, en algún punto, la película opera como un retrato del contexto que la contiene. Esos ámbitos que habitan sus protagonistas, realizadores y —probablemente— una parte de su público. Y va más allá, quizás sin proponérselo de manera premeditada: La Distancia continúa una lógica que se viene repitiendo en, al menos, la última década: el cine —la realización audiovisual— de la ciudad vinculandose con la escena musical. Desde cortos y videoclips de bandas hasta largometrajes afirman este lazo. Hay músicos que actúan, hay músicos que realizan. Hay realizadores que trabajan en videos de grupos, hay realizadores que documentan —para sus propias producciones— a bandas y están los que eligen a los músicos para que sean los protagonistas de sus ficciones.

“Se da un montón ese vínculo. En este caso es por un decisión estética de mostrar una banda”, dice Amparo. “Son dos disciplinas que dialogan inevitablemente”, agrega Mora, sentada en la mesa de su casa mientras intenta callar a Ricardo, que ladra desde el sillón. Mora fue parte de uno los primeros proyectos que comenzaron este período de producción: Creo que te amo, la película de 2011 dirigida por Germán Greco que mezcla la ficción con el documental y tiene como protagonistas a los 107 Faunos.

Algo de ese híbrido de géneros también tiene La Distancia. “Trabajamos con músicas que actúen porque priorizamos que lo real de las escenas fuera que ellas estuvieran tocando de verdad”, dice Franco sobre la inclusión de la banda como eje de su película, que en sus primeros rodajes —allá por 2016— tenía como protagonistas a las Isla Mujeres con su primera formación. (Apartado: en el medio de los ensayos la banda se desarmó y hubo que reacomodar piezas en el film: Amparo pasó a ser protagonista central y Mora ingresó al elenco). “Nosotros trabajamos mucho con la mezcla del documental con la ficción”, sigue el director, sentado en el bar del CC Islas Malvinas, un lugar que ha sabido cobijar tanto al cine como a la música local. “La prioridad era la realidad de la situación”.

En la lógica del registro netamente documental de la escena podemos encontrar desde Un lugar para estar, de Giorgina Pedrazza y Eliana Urbina, que en el año 2014 retrató el under de la ciudad desde sus entrañas, hasta Pequeña Babilonia (2015), que con la dirección de Hernán Moyano reconstruye la historia del rock platense en los 80s.  

Para Franco Palazzo esta tendencia de poner la cámara sobre lo cotidiano —la ciudad y las bandas, en este caso— no es algo exclusivo de La Plata.  “A todos nos gusta retratarnos. Creo que acá se nota más porque está todo en la superficie”, dice. “Pero hay una tendencia general en el mundo del arte a retratarse a uno mismo y a lo que conoce”. Quizás por eso mismo El Lechón (2015), de Conrado Taina y Germán Greco, una ficción con giros de comedia, tenga como protagonista a músicos de la escena y su protagonista sea el cantante de una banda. Incluso en la ficción, el contexto es inspirador.

Un caso algo más particular es el de Manque La Banca, de Nunca Fui a un Parque de Diversiones. Concebido como un realizador de un registro hiper personal, con vínculos con la naturaleza y una clara bajada de línea ideológica, Manque se convirtió en un director que obtuvo cierto reconocimiento: fue premiado en la Bienal Arte Joven de Buenos Aires 2017 por su corto Los 7 perdones capitales: 3- El futuro y participó del Berlinale con T.R.A.P, un corto que va camino a convertirse en su primera película.

“Me parece que la democratización de los recursos para producir audiovisual es algo fundamental de esta época”, dice Franco buscando factores que expliquen el momento de efervescencia artística. “Y la conciencia de saber con lo que contás y lo que podés hacer con eso. No pretender otra cosa”, remata con una línea que también podría aplicarse a la escena indie platense, esa que Palazzo y tantos otros están registrando.

Nació en La Plata en 1989, es comunicador y periodista. Escribe sobre cultura y sociedad en diferentes medios y produce contenidos digitales. Pocas cosas le gustan más que escribir: jugar al fútbol, ir a la cancha a ver a Gimnasia y tomar Coca Cola.