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Los fantasmas de Camión

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La banda liderada por Buki Cardelino continúa con la presentación de Fantasma, su más reciente trabajo lanzado el noviembre pasado. Matías Angelini dialogó con Buki, la cantante, que alterna la docencia y música con poesía, y discute sobre el vacío discursivo que proponen algunos artistas.

Buki Cardelino desliza la silla para sentarse. Apoya suavemente su bolso repleto de hojas y la carpeta de folios sobre la mesa contigua, mientras con la vista recorre todo el café y piensa con calma sus palabras. Es el mediodía: el centro platense estalla en vértigo y la cantante parece enfocada. Es que, a decir verdad, la relación de Cardelino con el lenguaje no es casual: es docente de Literatura, tiene varios libros publicados con la poesía que escribe hace algunas décadas y compone las canciones de Camión, la banda que comparte con Facundo Bonfigli, Fernando Belazaras, Mauro Aramburu y Piter Luzuriaga.

Luego que casi dos años entre producción, grabación y mezcla, Camión lanzó Fantasma, su tercer disco, sucesor de Ciudades Invisibles (2011) y Los Mares (2015). Allí, la banda profundizó aún más sus reminiscencias noventosas, directas y económicas como Suárez y post-punk a lo Echo & the Bunnyman, donde las capas y los sintetizadores caseros creados por Luzuriaga proponen una impronta más etérea y oscura.

Fantasma abre con ‘Necesidad’, una oda postpunk que coquetea entre colas de delays con la idea de una nueva ciudad, una ciudad anterior. “El espacio en que no estás”, repite Cardelino mientras el track se sumerge en el caos e insinúa una fórmula que se repite a lo largo del disco: la melodía eficiente, la idea de un trance sonoro y letras para nada casuales a raíz de la lectura de Mark Fisher y su libro ‘Los fantasmas de mi vida’. Pasado, presente, futuro. Todo es lo mismo.

“Para mí no da lo mismo decir algo o no decirlo en las canciones. A mí me aleja de muchas bandas eso. Si no me interpela la letra, no me interesa nada. Y el ‘nena, nena, rock, rock’ ya me tiene re podrida. Yo me quedo afuera. Obvio hay un montón de gente que entra”, alerta Buki mientras observa la escena.

Además, la cantante agrega: “Se puede hablar de cualquier cosa. Puede ser una boludez total la idea que tenga una canción, pero me interesa que haya un tratamiento. Encontrarle el tono que se merece. Por ahí tenes un tema de León Gieco y es súper de denuncia, pero se pierde un poco lo artístico. Tenes a The Clash y hay una poética que no es cualquier cosa y en el momento que lo dijeron. Por eso te hablo de la forma. No es lo mismo decir ‘ay qué porquería tal cosa’ que decir ‘London Calling’ y repetirlo constantemente. Es como una crónica urbana. Esto me re atraviesa. Me parece que es re complejo hacer canciones políticas pero es medio inevitable. Cualquier canción puede ser política.”

NO SOMOS COMO ELLOS

A principio de los 2000 Cardelino fue parte de McCoy, un proyecto que compartió junto a otras chicas. El grupo se separó en 2009. Mientras el germen de Camión aún se gestaba, Buki comenzaba a afianzarse en el mundo de la poesía. En 2012 junto a unas amigas formaron el colectivo ‘Las Pibas’, un recital de poesía donde cada una podía ir a leer sus trabajos.

“Lo leemos como si fuera un recital. Hay música, invitamos algún amigue que toque. No lo hacemos siempre en los mismos lugares, Vamos viajando. En una época lo hacíamos mucho en el CC Matienzo, en un ciclo que nos habían dado. Hacemos mucho en Capital y acá en el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti. Siempre es gratis para que la gente pueda llevarse los libros y los fanzines. Nos autoeditamos. Este año va a salir un libro de ‘Las Pibas’”, cuenta.

Sin embargo, la artista tardó en publicar. Lanzó “Indicaciones para otra mudanza” (2016), “Captura de pantalla” (Editorial Fantasma, 2017), “Punta Lara” (Editorial Mutanta, 2017) y “Manija” (Pixel Editora, 2017). A su vez es parte de una antología editada por La Comuna titulada Poesía, donde comparte escritos junto a otres 23 autores platenses.

Cardelino encuentra tanto en la poesía como en la canción un lugar de libertad. Dónde poder hablar de cualquier cosa y dialogar con el contexto, o no. “Cuándo salió Amiga, el adelanto del disco, muchos me hablaban de un trasfondo en la letra que en un principio no había nacido así. Yo solo tenía la necesidad de decir que extrañaba a una amiga. Pero siempre está bueno que se hagan otras lecturas”, reflexiona.

“Soy una banda de chicas y hago una canción que habla sobre el feminismo”, piensa. “Pero si digo lo que todos están esperando que diga, es una pavada y no sé si al movimiento le va a aportar mucho. Vos te podes volver político apenas rozando el tema. Diciendo lo que te pasa a vos con eso. Como decía Alfonsina Storni, ‘lo que hagas como mujer alcanza’. Eso es más contestatario a mi entender. Lo que vos tengas para decir. Que no sea una fórmula”.

Damon Albarn, líder de Blur y Gorillaz alertaba a principio de año en un programa de la BBC Radio que ante un mundo que tiende cada vez más al caos, es importante que los artistas sean más políticos en su música. Pero sobre todo ser artísticos en la denuncia. “La música para selfies no es sostenible”, proclamaba el británico. El fantasma de Camión piensa igual.

Matías es periodista cultural. Colaboró en el diario El Día y es ayudante de gráfica en Facultad de Periodismo de la UNLP. Prefiere el vino que la cerveza pero no lo dice mucho. Nació en Bahía Blanca y no entiende cómo la gente en La Plata dice que tiene frío. Quiere morir con 'The thrill is gone' de Chet Baker de fondo.