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Todo sigue vivo: Palo Pandolfo y Acorazado Potemkin en el Teatro Bar

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Fotografías: Martina Ledesma

Este viernes 23 a las 21 hs. Palo Pandolfo y La Hermandad junto a Acorazado Potemkin se presentarán en el Teatro Bar, en 43 e/ 7 y 8, con apertura a cargo de Flopa Lestani. Matías Angelini se juntó con los músicos en los pasillos del teatro y hablaron sobre el rock, sus formas de trabajo y la necesidad de encontrarse. 

Son las tres de la tarde y el sol se cuela por los viejos vitrales del Teatro Bar. Palo Pandolfo y Federico Ghazarossian caminan por el salón de entrada. La luz de colores les ilumina la cara mientras charlan sobre sus vidas. “¿Cómo anda tu familia?”, pregunta el cantante. Mientras avanzan entre diatribas al sistema se percibe un lazo que se remonta a mediados de los 80 cuando eran parte de Don Cornelio y La Zona, una de las bandas post-punk más prolíficas de estas tierras. Dentro de unos días se reencontrarán, por primera vez, sobre un escenario con sus proyectos actuales: Palo Pandolfo y la Hermandad y Acorazado Potemkin.

En una época donde los vaticinadores de la muerte de la TV, la radio, los discos y -por supuesto- del rock, están al acecho, muchos de estos ambientes resisten en silencio un presente que tal vez les es esquivo pero que lejos está de enterrarlos. Acorazado Potemkin surgió hace diez años como un power trío con un sonido rabioso y arrabalero donde las historias mundanas se cruzan entre las melodías por momentos furiosas.

“Se le exige al rock ser algo totalmente masivo y que lo consuman todos y por ahí eso fue un exceso para este tipo de música. Que genere tanta guita, que haya tanta expectativa sobre eso y sobre el funcionamiento comercial de una cosa, fue el modelo de las discográficas que necesitaban hacer guita con lo que sea. En ese momento lo hicieron con cosas que estaban buenas”, analiza Lulo Esaín, baterista de Acorazado. “En ese punto, ¿el rock se murió?”, se pregunta Lulo. “Si, se murió como una idea de hacer negocios. Ahora vas a los locales de música y están llenos de guitarras y de baterías. Si un pibe se compra una guitarra eléctrica, la compra porque le gustó el rock, no porque quiere tocar cumbia. El rock como lenguaje, mientras haya personas que lo usen para expresarse, está más vivo que nunca”. 

“Lo que a mí me parece es que en la segunda mitad de la década del 90 toda la Argentina cayó en esa cultura del aguante. Como que todos estábamos en el ‘ya está, ya fue todo’. No sé, fue extraño. Derivó en productos culturales que se alejan de las raíces del rock nacional”, recuerda Palo Pandolfo. “En los noventa veía a mi alrededor que para todos la prioridad era tener una compañía discográfica, manager y videoclip. Pero todo ese aparato deja de existir de no ser por las canciones. Y hoy es exactamente lo mismo. No me importa si es rock, trap, pop, dancehall, trip hop, si es venezolano, si es catamarqueño. No importan tanto los géneros, importan las canciones”, afirma.

 

Juan Pablo Fernández, guitarra y voz de Acorazado, contó el año pasado en ADM:  “Me da vergüenza decir que tenemos mensaje pero es algo que termina sucediendo. Por momentos hay una sensación de achanchamiento en todo el contexto. La gente no tiene un mango, pierde su laburo, se deprime. Pero creo que siempre tenemos que conservar una excusa para encontrarnos y salir adelante”, afirmó. Hoy, a la distancia y en un  profundizado contexto de crisis, sus palabras se resignifican y toman aún más fuerza. El reencuentro sobre los escenarios, por primera vez, de viejos compañeros de aventuras como Palo y Federico puede ser, también, una forma de juntarse y sentirse cobijados del afuera hostil entre canciones y amigues. 

 

 

Matías es periodista cultural. Colaboró en el diario El Día y es ayudante de gráfica en Facultad de Periodismo de la UNLP. Prefiere el vino que la cerveza pero no lo dice mucho. Nació en Bahía Blanca y no entiende cómo la gente en La Plata dice que tiene frío. Quiere morir con 'The thrill is gone' de Chet Baker de fondo.