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La danza y el presente de Pérez

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Fotografía: Manuel Cascallar

La banda platense vive sin urgencia su presente luego de un año álgido con la grabación de un disco en vivo y con la salida de su quinto disco de estudio. Matías Angelini habló con la banda sobre Danza, su último álbum, donde se despegan de su espíritu cancionero. 

Son las tres de la tarde de un miércoles y mientras en la tarde soleada de Tolosa no corre un alma, Pérez ensaya en la sala que Ramiro Sagasti montó en su casa. La banda que conforma junto a Diego Goldstein, Martin Lambert y Gastón Le repasa algunos temas de Danza, su último trabajo. “Probemos Tu Encanto”, propone Lambert, canción en la que participa Germán Tschudy, ex miembro de la banda durante la era Caracas. 

Sagasti se para frente a su teclado Farfisa de los años ‘60, donde apoya un sintetizador y la drum machine, como el director de una máquina híbrida, una banda que combina criteriosamente el ser una orquesta entrañable de rock pop cancionero con un concepto de experimentación sonora y la búsqueda de la música de mañana. Mientras secuencia un beat, el resto intercambia opiniones: “¿Cómo llevamos esto al vivo?”.

A 15 días de la salida de Danza, el cuarteto vive sin urgencia. Resolvieron las tapas de los adelantos y del disco con amigos, una intervención de Falopapas a una foto de Manuel Cascallar; todavía no saben cuándo van a presentarlo y la premisa que afirmaban hace un año a ADM, que siempre estaban un repertorio atrasados a lo editado, hoy parece antigua. “Este es el más cercano”, piensa Lambert y Sagasti agrega: “la grabación de este disco fue de las que más disfruté”.

Danza nació en enero de 2018, un mes sin vacaciones en el que Lambert y Sagasti se juntaron a experimentar con disciplina prusiana, entre ocho y diez horas de lunes a viernes, a la búsqueda de canciones que sucedieran a Caracas, editado en 2017. De esa simbiosis nacieron unas 25 ‘ideas musicales’ que comenzaron a tomar forma junto al resto de la banda. Algunos reggaes, algunas exploraciones de sintetizadores y secuencers mostraban que el espíritu sonoro fundacional de Pérez mutaba para dar espacio a canciones con otro pulso, otro groove

“Muchos temas se fueron orquestando mientras los íbamos produciendo”, recuerda Lambert. Danza terminó de tomar forma en el estudio y con la mezcla a cargo de Gastón, voz y guitarra de Un Planeta, incorporado en 2017 tras la salida de Matías Zabaljáuregui. Fue grabado caseramente junto a Nicolás Carlino en la sala estudio que montaron en la casa de Daniel Bazet, baterista de Pasto, entre la primavera de 2018 y el verano de 2019. 

“Al haber tanta cantidad de temas para elegir, yo por lo menos, elegí los que me parecía que eran temas que estaban sonando sin estar mezclados. Entonces era más fácil, porque además es el disco más minimalista de todos los discos de Pérez. En el sentido de la producción, al margen de que tiene un montón de detalles. Está sostenido por la bata y el groove. Es más el disco de bata de Martín. Cuando más cosas le metes a un tema, la bata se esconde más, y acá al haber menos se luce mucho más él y la voz del flaco”, cuenta el guitarrista.

En Danza, Sagasti luce una faceta aún más interpretativa que en otras discos. Importa qué dice, pero sobre todo importa el cómo. Y una búsqueda en el texto donde predomine lo sugerente, no lo evidente.

“Pienso que en este disco hay una depuración de las letras. Hay menos frases de más. Cada disco está bueno y lo vas disfrutando, pero me gusta la síntesis lírica de este disco, lo que dice. Es concreto. No tiene muchas cosas que sobren”, advierte Sagasti.

La charla se torna más filosófica y el cantante agrega: “Vos podes transmitir una idea, pero hay una distancia entre el concepto y la realidad, y ahí podes simular transmitir una realidad como esta brisa que está entrando ahora, alguna descripción, algún disparador que puedas conectar, como estar en babia. Podés situar a las personas a través de las canciones en un espacio y un tiempo determinado. Ahí hay una comunicación más transversal. Pero si vos de repente tenés una idea más concluida, es más vertical, ya estas dando todo masticado. Por momentos eso está bueno. Para mi hay que buscar un equilibrio. Se dio así en nuestras canciones, un poco ese balance entre una idea y algo que lo pueda terminar de componer el que lo escucha”.

Ramiro reflexiona en torno a God de John Lennon. Le interesa la potencia de la letra. “‘Dios es un concepto’ dice Lennon y lo que está diciendo es un concepto. No es una descripción. No hay un dogma para hacer canciones, pero esta bueno que esté en la obra de cualquiera, que haya un poco de todo”, piensa Sagasti.

El ensayo terminó y todos están sentados sobre los sillones alrededor de una gran mesa ratona. Matías Zabaljáuregui, que presenció todo el ensayo con un rol moderadamente activo, tirando coros en un micrófono a la izquierda de Sagasti y arreglos con el sinte, les muestra un tema nuevo que grabó como solista en su casa. “Está muy bueno”, le celebra Diego mientras escucha atentamente desde el parlante del celular. “Tenés que sacarlos”.

Con una química intacta y luego de varios conciertos durante el año, incluidos un Teatro Ópera y la grabación de un disco en vivo tras dos noches seguidas en Pura Vida, Pérez va a tomarse un verano para descansar. “Hace cuatro años que no me tomo vacaciones”, advierte Sagasti y agrega: “está bueno que las cosas sean sustentables y gozosas. Si de pronto te planteas una meta muy grande, despues quizas no disfrutas todo como lo disfrutamos, me parece”.

Matías es periodista cultural. Colaboró en el diario El Día y es ayudante de gráfica en Facultad de Periodismo de la UNLP. Prefiere el vino que la cerveza pero no lo dice mucho. Nació en Bahía Blanca y no entiende cómo la gente en La Plata dice que tiene frío. Quiere morir con 'The thrill is gone' de Chet Baker de fondo.