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Hojas Secas: el tiempo no espera a nadie

El quinteto se presenta este jueves 16 en La Tangente (Honduras 5317, CABA). En la previa al concierto, Luciana Demichelis los visitó el estudio para retratar la grabación de un nuevo single y la banda conversó con Pablo Díaz Marenghi sobre sus orígenes, su encuentro con Gordon Raphael, productor de The Strokes, y sobre un imaginario que no es solo rock and roll.

Por Pablo Díaz Marenghi*

El indie es un término polisémico y, a la vez, problemático. También es una etiqueta, una categoría y, para muchos, un estilo de vida. Asociado con la independencia, la autogestión, lo emergente y el rock alternativo, tuvo un movimiento considerable en el AMBA y en algunas provincias como Mendoza, Neuquén o Córdoba, sobre todo luego de Cromañón.

Aquella tragedia evitable, cargada de negligencias compartidas que aún restan esclarecer, marcaría un punto de quiebre para el rock argentino. Los lugares para tocar disminuyeron de manera considerable, las prácticas rockeras se vieron obligadas a reinventarse y los músicos a adaptarse a dichas transformaciones. En aquel contexto, bandas como The Strokes planteaban a nivel internacional un cierto revival retro y el término indie cobraba fuerza. En La Plata pasaría a tener su propia e inconfundible encarnadura: “Indie platense” se convertiría en un significante de peso propio. Se formaría una suerte de cofradía, parafraseando a la Flor Solar, con bandas como Sr. Tomate, 107 Faunos, El Mató a un Policía Motorizado y otras que llegaban de la ciudad de Buenos Aires, como Bestia Bebé, que se sumarían a la movida que no paraba de crecer. 

En 2006, en ese marco, surge una banda que pasaría a integrar uno de los sellos discográficos más relevantes de ese palo, Laptra, y le daría forma a un sonido que sería una suerte de amalgama entre Strokes y los Rolling Stones. Hojas Secas se formó en 2006 aunque, como suele decirse, «es una larga historia» que incluye anécdotas, maquetas, demos grabados en una PC con mucha latencia y zapadas de canciones de Calamaro entre trabajos prácticos de la facultad. Hoy, quince años después, en un día feriado de sol en pleno bosque platense, Lucas y Franco Jaubet, hermanos de sangre y musicales, convierten su pasado en narración cargada de rock and roll. 

Las ideas van a estar / cada una en su lugar

Franco y Lucas llegaron a La Plata en 2001 desde su Junín natal para estudiar en la Universidad. El primero se anotó en Periodismo y el segundo en Composición musical, en Bellas Artes. El cambio fue notorio: de una ciudad con un ritmo de pueblo pasaron a otra muy diferente. Además, el contexto era de una crisis económica que iría in crescendo hasta su estallido final en diciembre de aquel año fatídico para la historia argentina. 

Franco recuerda: “Estaban las facultades tomadas. En Junín la crisis era otra cosa, la veíamos más por televisión. Había problemas económicos como en todos lados pero acá era re distinto. Era todo bastante gris y mugriento. Cursábamos en facultades que tenían peligro de derrumbe, la destrucción total”. 

Lucas rememora una escena puntual: “Nosotros estábamos acá, sólos, mirando la tele, lejos de la familia, sin nada. Preguntándonos qué iba a pasar. Los de Gran Hermano estaban enloquecidos. Ese era el año. Terrible. Éramos re pendejos”. Tenían menos de veinte años.

En vacaciones de invierno volvieron a Junín. Las facultades seguían tomadas y no pudieron volver ya que se suspendieron las clases. Se decía que no cursarían más en todo lo que quedaba del año. Hasta incluso se rumoreó con la privatización de la educación pública. En el medio, Lucas pasaba de la cumbia a Los Piojos, Viejas Locas y los Ratones Paranoicos. “Éramos bien rollingas”, admite. Recuerda con mucho fervor nostálgico un show de Los Piojos en Plaza Moreno donde reunieron a 50 mil personas. Su primera excursión a la ciudad de las diagonales, el 30 de diciembre de 1999. “Quilombo zarpado, la catedral rodeada de rolingas con bengalas. Te quemaban las chispas. Era re peligroso” admite. 

Años después, ya universitario, en aquel devenir stone, se cruzaría con Lucho (Luciano Canevaro). Ellos dos, junto con Mario —”un alma muy Rolling Stone”— , serían la primera formación de Hojas Secas junto con Gastón en el bajo y varios bateristas que entraron y salieron de la banda —un karma habitual en su vida. Tocaron algunos covers y temas compuestos por Mario. Luego de dar algunos shows en un par de bares, la banda se desarmaría. 

En 2006 sería el inicio definitivo de lo que a partir de allí pasó a llamarse The Hojas Secas. En esta parte de la historia aparece una banda que, además de los Stones siempre presentes, sería clave en la conformación de su identidad sonora: The Strokes. Lucas descubrió a los comandados por Julian Casablancas viendo MTV. Quedó flasheado con el video de “Last Night” y, luego de descubrir el nombre de ese grupo que parecía salido de una cápsula del tiempo, casi que corrió a un cyber a que le quemaran los discos en un CD —otra marca de época—.

Una visita de Gordon Raphael al país, descubridor y productor de los primeros discos de la banda oriunda de Nueva York, terminaría de impulsarlos a definir la formación definitiva del grupo. Lucas revive la anécdota:  “Estábamos buscando bajista, probamos como cuatro. En ese momento venía Gordon Raphael y Damian, amigo y actual tecladista, nos avisa. Apenas llegamos lo vimos, lo saludamos, le dimos los demos y nos dijo: ‘Ustedes son cinco, como los Strokes, ya son una banda’. Pero estaba Franco, que no tocaba nada. Bueno, listo, entonces sos el bajista”. Luego terminarían colados en el camarín, tomando vino con él. Años después, se cruzaron en un escenario y el mítico Gordon Raphael diría: “La primera banda que conocí cuando llegué a Argentina fue Hojas Secas».

“Empezábamos a encontrar esos lugares que te vinculabas con gente con la que compartías las mismas cosas. Estábamos siendo parte de una movida. Fiestas, lugares nuevos”, cuenta Franco mientras recuerda artistas plásticos y movidas autogestivas en casas o centros culturales que Lucas conectaba con Andy Warhol, las fiestas de la Factory, los happenings y The Velvet Underground. 

Por aquel entonces, 2006, Lucas ya empezaba a grabar algunos temas que luego integrarían su primer disco, Ya no importaba qué dirán en el barrio (2009), como “Nos pasa lo mismo” o “Convidé”, grabados de manera hogareña en su computadora. Sentía la necesidad de escribir letras que lo identificaran a la hora de cantarlas. A Franco en bajo, Lucas en voz y Lucho en guitarra se sumaría Santiago Fernández en guitarra y Marcelo Pilegi en batería. Este, luego de grabar el primer álbum, abandonaría la banda, algo que años después volvería a ocurrir. “Eso nos destruía —recuerda Lucas— .Cada vez que terminábamos un disco, había que empezar de nuevo”. 

¡Vamos caminando por el mismo rumbo!

El primer disco se convirtió en un clásico de la banda, con canciones como “Nos pasa lo mismo”, “Estoy en casa sólo”, “Pagas los impuestos” y “Vas a ver”, cantadas y pogueadas hasta el hartazgo por un público fiel que la banda fue construyendo a lo largo de más de una década. 

Hay algo de aquella herencia furiosa y platense de los Peligrosos Gorriones, mucho de la nostalgia garagera de Strokes en los punteos de guitarras y un manto Stone que lo recubre todo. Las letras son lamentos existenciales cruzados con la vida cotidiana. La composición se repartió entre Lucas, Franco y Lucho. Produjeron cuatro maquetas y le dedicaron casi cuatro años. Su intención sonora era no alejarse mucho de lo que se generaba en el vivo. Eso se percibe en el resultado final, grabado en los estudios Kraut por Juan Pablo Herrera. 

En 2011 llegaría B A I L A LÓ, una fuga hacia adelante que profundizará el camino trazado. Ya con otro baterista, Esteban Escobar, que también se alejaría de la banda post grabación, y menos canciones que su predecesor, seis, pero igual de potentes. 

“Suena mal, pero nadie se da cuenta” dice Franco. Lo grabaron en los estudios de Chester Rezzano, Electric Chesterland. Recurrieron a varios recursos digitales porque, cuenta, se grabó muy rápido. Por eso, admiten, “quedó muy estridente, tiene mucho plugin”. Se destaca el tema “La vida que te embrolla”, compuesto por los hermanos Jaubet, un verdadero himno para los fans de la banda y que podría entenderse como una suerte de manifiesto generacional. Ese disco ya saldría bajo el sello Laptra. 

Entre 2011 y 2015 se dedicaron a tocar en todos lados. Su tercer disco, Vuelvo de madrugada (2015), marca un viraje en cuanto a lo sonoro y el ingreso de Lautaro Pugliese en la bata. Aparecen ritmos más emparentados con la chacarera o la ranchera y Lucas mete algunas armónicas en temas como “La gloria”, quizás en una suerte de guiño a su pasado como fan de Los Piojos. Allí grabaron con Lucas Rossetto y Guillermo Ruiz Díaz (El Mató). 

Con más experiencia y cierta aproximación a un sonido más pop y hi-fi llegaría Zodíaco y político (2019), el más reciente álbum de la banda producido por Pipe Quintans y Rosetto. Lucas explica el concepto: “El arte de tapa representa un caramelo, que es algo simple y, a la vez, como un mimo. Es azúcar: si no lo tenés, té morís. Es energía pura, con gusto a fruta y colores. Eso es algo pop”. Franco reflexiona sobre el título: “Lo veo como una tensión, lo zodíaco te marca cierto destino, cierta cosa predeterminada y lo político sería como vencer eso, la política es transformar». En cuanto a las letras, se narran historias de crisis, tiempos de un reverdecer neoliberal que impactó en la lírica, con ejemplos como “Almacenes”, “Hasta las manos” o “Complicadísimo”. 

No hago nada de lo que…hacen los demás, hago la mía

En una entrevista a Página 12, medio en joda y medio en serio, Franco dijo: “Casi todas las bandas del sello ya salieron en tapas, pero a nosotros nunca nos dieron cabida. No sé por qué no llamamos la atención o no les gustamos a los periodistas”. ¿Qué pasó en los últimos tiempos que bandas de su misma escena como El Mató o Bestia Bebé llenaron estadios y grandes teatros mientras que Hojas Secas se mantiene alejado de las primeras planas? ¿Tendrá que ver con que, en algún punto, son demasiado rockeros para el indie y demasiado indies para el rock and roll? Cuentan que su manager a veces les pide tocar en fechas más rockeras. Ellos se definen indies más en un sentido de pertenencia a la autogestión, al ya clásico do it yourself del punk. “No somos una banda marketinera. No hacemos música para atender al mercado. Somos indie posta”, sentencia Lucas. “No nos creemos ni inflados ni desinflados. Estoy orgulloso de haber podido grabar cuatro discos”, agrega Franco. 

Reflexionan, también, sobre la música actual, el predominio del trap y la denominada música urbana. Algunas cosas le hacen ruido a Lucas quien, se pregunta en voz alta: “¿Vos estás peleando por guita? Si tuviste guita siempre. Me hace ruido el discurso. A la vez, no me imagino a Bad Bunny tocando la guitarra. Veo un fenómeno que tiene que ver con Spotify e Instagram, con el hacer feats, sacar singles, el marketing. Ojo, además tenés que hacer las canciones. Es un laburo. No es que te sale así de una. Si pueden hacerlo y llenarse de plata, Chapeau! Sobreviviste a esta porquería. Lograste asomar la cabeza”. 

Respecto al marketing, sostiene que “no se hace para generar buena música sino para que llegue a mucha gente, sea buena o mala. Me pareció obscena la entrada al Lollapalooza al precio de algo más de una jubilación mínima. Más allá de que la banda, Strokes, para mí lo valga. Así que aprovecho para pedir si alguien me regala una entrada”, comenta y suelta una carcajada. Aprovechan, también, para adelantar algunos lanzamientos que se vienen: un nuevo single —“Creé en mí otra vez”, versión en español de “Believe in me again!” de su primer disco— y un videoclip —“Almacenes”—.

Hojas Secas es rock and roll, ruido y vivencias. Son veredas rotas de la plata o calles de tierra en Junín atravesadas por cotidianidad, fantasmas existenciales y resúmenes de tarjetas de crédito perseguidores. Son un grupo de pibes con oficios disímiles —vidriería, abogacía, docencia en comunicación, operación de radio, centros culturales— atravesados por diversos vaivenes y una melomanía común. El do it yourself platense, que por momentos se asemeja a una flor creciendo en un pantano, los embandera en una misma causa, zodíaca y política. Como cantan sus queridos Stones, “el tiempo no espera a nadie” y ellos parecen tenerlo bien en claro. En el medio, aparecen la sinceridad, la pasión por el hacer cosas sin parar y la risa, que adorna cada una de sus anécdotas. Como cuando Franco le dice a este cronista acerca de su historia: “No lo intentes contar porque es un lío» o cuando Lucas arroja una frase que intenta subtitular con ironía su trayectoria: “A la gente no le importa la calidad, si le importara no estaríamos acá”.  

BONUS TRACK: testimonio de Juan Pablo Herrera, técnico de grabación, mezcla & mastering. Grabó Ya no importaba qué dirán en el barrio (2009), primer disco de Hojas Secas:

«Kraut, el estudio donde grabé a los chicos en 2008, había abierto ese año. El contacto fue por mi hermano, Shaman. Ellos ya estaban sonando acá en la escena indie de La Plata y se contactaron con él para hacer el laburo. Por algún motivo que no recuerdo  me lo pasó a mí. Recuerdo que me gustaron mucho los arreglos que tenían. Habían traído un sonido tal vez muy Strokes pero más garagero y bastante sónico desde las violas. Me gustaba como se complementaban las guitarras. Se notaba que eran una banda bien formada, muy ensayada. Me sorprendió mucho también la voz de Lucas, muy visceral. Me gustó mucho cuando los escuché. Yo también tenía sala de ensayo y los vi tocar ahí un par de veces. El equipamiento del estudio era bastante rudimentario. No había demasiados componentes en la cadena de audio todavía pero creo que hicimos buenas cosas y este disco fue una de ellas. Me gustó mucho como quedó. Se grabó un montón, mucho más de lo que se pensaba. Después de hacer las bases y todo lo que se había planeado, insistimos con guitarras, hicimos arreglos nuevos. Había cosas que fueron surgiendo ahí. Terminé metiendo teclados en una canción («Vuelan»). Lo recuerdo con mucho cariño porque fue uno de los primeros trabajos del estudio y porque formamos en unos meses de laburo una muy linda relación con los chicos. Son unos genios». 

* Pablo Díaz Marenghi es periodista y docente. Es Director Editorial de la revista digital ArteZeta. Colabora en El Planeta Urbano, La Agenda, Clarín Cultura, Revista Ñ y Acción, entre otros. En 2016 publicó Codex, Música Contemporánea (Maten al Mensajero). En Twitter es @pe_diazm