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Nada se opone a la noche: la emersión de Yasar

El proyecto encabezado por Lucas Yasar estrena el 18 de marzo su debut, Habitaciones. Matías Angelini conversó con la banda sobre el origen de este disco que no distingue de géneros y le rinde culto a la noche, al cuerpo y la amistad.

Fotos por Luciana Demichelis

“Quizás esperaba que de esa extraña sustancia se desprendiese una verdad. Pero la verdad no existe. No tenía más que fragmentos dispersos y el mismo hecho de ordenarlos constituía ya una ficción. Escribiese lo que escribiese entraría en el terreno de la fábula”, confiesa Delphine de Vigan en una entrevista a un diario inglés. 

La escritora francesa, autora de cuatro novelas, coquetea con la idea de que, al escribir-se, al narrar los duelos, el pasado, el desorden, algo nuevo se constituye. Ya no es solo tuyo. Algo de tu vida está en el aire de otra forma y ya no te pertenece. 

Tal vez una idea similar empujó a Lucas a vomitar todo su dolor y escribir Habitaciones, el primer disco de Yasar, el proyecto que lidera acompañado de cinco músicos y músicas.

A París la separan 11934 kilómetros de General Roca, ciudad natal del Turco —como lo nombra su gente—, y si bien las historias, los contextos y sobre todo las intenciones son distintas, hay algo de vaciarse para emerger que coincide.

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El Turco está sentado en el sillón con el torso inclinado hacia delante. Sus brazos, acodados en las rodillas, sostienen su cabeza. La luz cálida de un velador de pie apenas alumbra sus manos largas y delgadas que se entrelazan entre los mechones castaños y rosa chicle que desprenden de su cabeza. Sus ojos, algo hundidos y vidriosos, observan con atención la nada, mientras de fondo comienza a sonar Habitaciones, ya masterizado y listo para publicar. “Hace mucho que no escucho esto. Es un fla”, esboza mientras presta atención al equipo de música.

Un pad se funde entre una voz filosa, algo espacial, y un arpegio da paso a Pancitos, primer canción del disco. “Voy a salir de ahí/Otro souvenir/A volver a casa”, canta. La canción es difícil de clasificar: persiste la sensación de que cuando tratas de establecer algún patrón, algo que te diga por dónde va, emerge un elemento que la saca de contexto. 

“Hicimos lo que se nos cantó el ojete en todo momento. Después si había un criterio”, cuenta Lucas con una sonrisa atorrante en el rostro. A su lado, César Altamirano, guitarrista de la banda y uno de los productores del disco, agrega: “Una de las temáticas que abordó Lucas en Yasar es el delirio. Entonces dijimos: hagamos que suene delirante. Vamos a hacer todo lo que queramos, todo lo que nos guste. ¿Nos gusta la viola eléctrica? Viola eléctrica. ¿Cumbia? Cumbia. ¿Arpegiadores? Momento Peces Raros”.

La producción de Habitaciones se realizó junto a Altamirano y Federico del Río, tecladista de la banda. Las otras seis canciones que completan el disco Acertijo, Fritanga, Escarabajo, Dron, Lengüetazo y Habitaciones— van desde la cumbia, el rap y el psytrance hasta el europop, el electrorock y la balada moderna. 

La columna vertebral son las letras, ejecutadas por Yasar y sus alter ego de rapero extrovertido y cantante melancólico, donde conviven frases como “Que sigan vendiendo galanes vencidos, mis ídolos siempre fueron mis amigos” en Acertijo, y “Hoy guardo así un verso entre mis manos y no se porqué recibo tanto bardo”, de la canción que da título al disco.

“Al principio hacíamos los beats y yo freestyleaba encima. Después me agarró un diciembre que fue muy triste y ahí hice una chorrera de letras. Fue clic en todo el proceso. Ya teníamos un tema y ya nos re cebaba porque se estaba haciendo el videoclip”, cuenta Lucas.

“Trabajamos la doble personalidad y creamos dos formas de cantar. El disco habla de las dualidades, de las locuras. Entonces tenía sentido que tuviera de todo un poco. Todas las diferentes formas que tiene la mente de habitar”, completa Altamirano. 

Habitaciones es un disco hecho de noche y pensado para la noche. Se vuelve ansioso, casi físico.“En la noche corre un aire distinto. En la noche no hay tiempo. Algo te va marcando que pasa el tiempo durante el día. La luz está acá, después está ahí, después está allá. Pero a la noche no. Las percepciones no son las mismas”, piensa Lucas.

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A la fecha, la banda que completan Juana Olmo en octapad y percusión, Nehuén Diaz en bajo y Morena Pantucci en batería y octapad, llevan lanzados dos singles —Pancitos y Lengüetazo— y una presentación con entradas agotadas en Casa Unclan el diciembre pasado.

De un tiempo a esta parte la conceptualidad de las canciones y la puesta en marcha de un equipo de producción musical y audiovisual llevaron a que el proyecto cobre una dimensión más grande, colectiva y profesional.

“Es un proyecto que queremos llevar a todo el país. Lo encabezo yo, pero es un equipo muy grande. En la banda somos seis personas de distintos puntos del país: Rio Negro, Chaco, Tierra del Fuego y Buenos Aires. Hay muchos lugares para visitar y después seguir recorriendo por donde nos lleve el camino”, señala Lucas. 

El debut de Yasar es un coming of age, un disco que derrocha juventud, una oda a la amistad, un descargo de inseguridades, es la fiebre del romance y la derrota del desamor, es alegría colectiva y tristeza solitaria. Pero también es un disco abierto, sin metáforas rebuscadas ni recursos complejos. Es desfachatado. Tal vez sea que por alguna de estas razones que nada se opone a lo que ocurre de noche.

 

Matías es periodista cultural. Colaboró en el diario El Día y es docente de gráfica en la Facultad de Periodismo de la UNLP. Quiere morir con 'The Thrill is Gone' de Chet Baker de fondo.