
Don Lunfardo y cómo se construye una identidad
Fotografías: Florencia Nieves
Antes de su presentación del 7 de diciembre en el Teatro de Flores, Don Lunfardo y el Señor Otario habló con Guadalupe Koch sobre sus ideas, su forma de hacer las cosas, los estereotipos del rock, la industria de lo inmediato y Keith Richards.
¿Qué es lo que hace que una banda sea la banda de tu vida? Intentar caracterizar a un fenómeno tan significativo de la vida personal, necesariamente implica indagar en conceptos, discursos e ideas que no siempre tienen que ver con la música. Crecer al lado de una banda y vivirla como propia es una construcción cultural llena de amores y derrotas en tiempos escépticos para ser fanático.
Don Lunfardo y el Señor Otario cumplirá pronto 20 años protagonizando la escena del rock local. En un circuito caracterizado por el reflujo constante de bandas nuevas y bandas viejas con otro perfume, ellos fieles a su estilo se han convertido en uno de los principales exponentes. Y con un público comprometido y particular, que encuentra en la banda valores simbólicos que representan algo más que discos, canciones y shows.
Son las cuatro de la tarde y el solcito de La Plata pega en el techo de un jardín de invierno de ensueño, situado en el corazón del hogar/estudio de la banda. Lejos de todo fetiche atribuible a la mística, en el living hay afiches, libros y perritos recostados en el sillón como en todas las casas. Escena de una vida cotidiana, donde están Federico Lozano, línea fundadora, y el Negro Garcilazo, amigo hace años y reciente incorporación del grupo.
El discurso de la banda es complejo y el sentido de pertenencia se genera desde lo que dice, piensa, y defiende la banda. El Negro reconoce cierta particularidad: “Yo acá grabo, viene a grabar gente, y cuando Luciano (Angeleri) vino a grabar las voces, en una sesión de cuatro horas estuvo tres y media con las letras. Me parece que el valor de la palabra y lo que se dice es importante. En todo lugar, en la música y en la forma de vida de todo el grupo. La palabra en sentido de lo literal y lo metafórico está muy presente”.
La intertextualidad entre lo poético y lo lunfardo es un eje fundamental de su forma discursiva. Su manera más directa de exponer esa constante relación es a través de las letras, de ahí que su prioridad planteada sea la palabra. “Está medio perdida la palabra en el rock. Tanto en Luciano, voz del grupo, como en Federico hay una posición fuerte de la palabra como valor simbólico. Eso la gente creo que es una de las partes que la gente más toma, transforma y hace propia”, dice Garcilazo.
Otro eje fundamental para entender la dinámica de Don Lunfardo y lo que representa es su independencia. Independencia como manera de hacer las cosas, pero también, como forma de vida. Para Federico ser independientes es tener el máster del disco en un cajón y hacer con eso lo que se te cante. Lo dice y se ríe, como si escucharse decirlo en voz alta sonara menos complejo de lo que parece. Para ellos, la independencia es más que una forma de posicionarse en la industria, es su elección de vida y es lo que trasladan a todas sus esferas privadas. “Habla de ser genuinos también, nosotros todo el tiempo tratamos de ser independientes como banda y como forma de vida, nadie tiene un patrón acá. La producción de remeras, de discos, todo fue independiente siempre. También tratamos de ser consecuentes, saber que acá todos nos representamos entre todos, él a mí, y todos somos un mismo discurso. Entonces también intentamos ser cuidadosos y mostrar el mensaje marcado. Más en estos tiempos difíciles y de muchos cambios”, dice Garcilazo.
Trasladar la visión de banda a la vida privada no suele ser fácil y menos en el ambiente del rock, donde hoy pareciera ser que la pose es todo lo que importa. Los paradigmas sociales están cambiando y la perfomance del rockero que toma whisky en escenarios y se enfiesta en camerinos ya queda, por lo menos, incómoda. Casi pobre de recursos, el estereotipo de una vida llena de excesos que era el sueño mejor vendido hace unos años atrás, hoy da la sensación de que está aferrándose con uñas y dientes a lo poco que le queda para no pudrirse.
Don Lunfardo forma parte de esto hace más de 15 años y por defecto, reconocen la imagen del rock, la cultura del aguante, el estereotipo y los cambios que socialmente estamos atravesando. Federico sabe que a veces ellos también padecen el etiquetamiento: “Hay mucha gente que tiene un preconcepto de la banda.Vos decís Don Lunfardo, escucharon un tema, leyeron dos comentarios, y dicen Ah sí es eso.Por ahí de pedo nos ven en vivo y te dicen Loco, pero yo no sabía que eran así. Con el Disco Verde (1999) o con el principio de Fotógrafos del Abismo (2004) decían que éramos Los Piojos Platenses. Y nosotros nos cagábamos de risa, porque si bien nosotros escuchábamos Los Piojos, esto va por otro lado. Hay mucha gente que nos tiene encasillados dentro del rock chabón y después quedan flasheados ante el concepto mismo que ellos se auto-impusieron”. Y la “actitud rock” para ellos es una propuesta que poco tiene que ver con los esquemas del deber ser. Federico al referirse al estereotipo, dice que ellos no se comen mucho ese verso. “Yo me acuerdo escuchar a Spinetta que decía que lo que te venden como más rock es lo que más te va a distraer y más te va a sacar del enfoque. Esas son todas cosas que cuando te pones a hacerlas, lo que dejas de hacer es lo que tenés que hacer, justamente: dar un buen show y sonar bien”.
Nicolás es seguidor de la banda desde sus comienzos. Está presente durante la charla y en todo momento habla de Don Lunfardo en plural, como si el proyecto fuese tan suyo como de los demás. Habla de los orígenes, de cómo empezó a creer y a confiar en esta banda y reconoce que el contexto social y político vivido hace 15 años atrás fue fundamental: “Nos criamos en un momento de descreimiento de la política y de todo lo que estaba pasando. Entonces vos lo canalizabas en la música. Vos ahí sí encontrabas el sentido de pertenencia que no tenías en la política”, dice y da cuenta que cuando la juventud en contextos de crisis no siente representación dentro de la esfera política, ese sentido se desplaza hacia otros terrenos fuera de lo político.
Hoy las representaciones sociales se juegan en distintos terrenos simbólicos, pero los tiempos de la música son urgentes y no permiten tanta libertad. Los algoritmos de la industria y las nuevas formas de valoración musical expresada en views no es algo ajeno a su visión.La urgencia, claro, existe, pero la independencia se vive como ventaja a la hora de decidir las propias velocidades: Don Lunfardo tiene estudio propio, sello propio y ellos producen sus fechas. “Una de las claves para no caer en esa trampa es encontrar un lugar que tenga tu tiempo, tus formas, y no subirse a la ansiedad que propone el mundo y la industria.” dice Garcilazo.
Después de nueve años sin presentar disco nuevo, los tiempos de producción se complejizan desde lo técnico: “Cuando había pasado un año y medio desde que el Chino (Luciano Angeleri) había grabado las primeras voces, se decidió regrabar todo otra vez porque ya no era la misma voz con la que cantaba. Y que te pase eso antes de que salga es un delirio. Y también porque sabemos que podemos hacerlo, porque si vos tenés una discográfica que te dice esto en noviembre sale, y bueno, si no sale se llama incumplimiento de contrato”, plantea Federico.
Pero no sólo los tecnicismos son lujos que pueden darse teniendo recursos propios, sino que la elección de ser independiente tiene que ver con su visión de la industria: “Una discográfica es una fábrica que vende plástico. Nada más. Después estamos los que aportamos lo que va adentro. Entonces si quieren vender plástico está todo bien, pero nosotros elegimos hacer canciones” continúa Federico, trazando las distancias. “A nosotros nos dicen ustedes son antisistema, pero yo nunca vi a nadie que venga acá, ponga un millón de dólares, y a ver qué pasa. Ellos pretenden chuparte la sangre y que vos no digas nada”.
Sus discos son producciones únicas en cuanto a estética y arte. Siestas en la Cima (2018) es físicamente un hexágono de cerámica con ribetes moldeados a mano. Si bien un disco suyo en locales de distribución masivos resulta poco probable, ellos creen que el verdadero problema no es dónde se compran y venden los discos, sino que el proceso creativo esté sesgado y marcado por la industria. Federico analiza la situación y ejemplifica el funcionamiento: “Antes había una promo de una gaseosa que juntabas diez tapitas y te daban un disco. Y cuando a vos te dicen tal banda vendió cien mil discos, vos decís guau la rompen, ¿pero por qué? Porque te imaginás 100 mil discos, uno en cada casa. Y ni en pedo. Ellos le vendieron 25 mil a una cadena de distribución, 25 mil a otra y así hasta llegar a 100mil discos vendidos, que están en una caja en un sótano juntando polvo hasta que aparece una gaseosa para hacer la promo y te los saca de encima. Pero mientras tanto, con eso le hicieron el caldo gordo a una banda, a una discográfica, y la verdad de la milanesa es que esos discos no están dando vueltas. En cambio nosotros, yo sé que si vendemos mil discos, son mil que están ahí, son de alguien y están dando vueltas. Eso lo sé. Son reales. No es chamuyo”.
Existe una suerte de mitología alrededor de la banda alimentada por su supuesto hermetismo. Han sido bautizados por periodistas y críticos como el secreto mejor guardado del under. Un nombre casi vacío de sentido, ya que sus discos están todos colgados gratuitamente en su página web. ¿Guardados dónde? Quizás es una forma de cargar de retórica a una banda que decide hacer las cosas por su cuenta. Su público lo sabe, lo vive propio, y entiende que la banda no es sólo música, sino forma de vida. Los paradigmas que desafían y las prioridades claras son las bases para que el proyecto se viva como colectivo.
Nicolás, en sus palabras es Lunfardo de lunes a lunes, y en ese sentido, se refuerza el concepto de identidad: vivir la experiencia musical no se limita a comprar un disco, sino que es adueñarse de un todo. Escucharlos en tu casa, verlos en vivo, viajar, bancar los aciertos y errores, respetar las ausencias, todas son formas de construir la identidad propia alrededor de un otro. Transmiten un mensaje, se transforma, y se adueña. El símbolo del ídolo se deconstruye y con él, la distancia trazada por el mito y la etiqueta. El sentido de pertenencia es una manera noble de caracterizar ese proceso en el que las distancias que se acortan y el discurso ajeno se vuelve bandera.
“La mejor definición de rock de toda la historia se la escuché una vez Keith Richards, que no podía ser menos. Yo pensaba, qué es el rock, una forma de vida, una cultura, no sé.Siempre lo pensamos. Un día en un documental, Richards está con una viola y le preguntan ¿Para vos, qué es el rock? Y puse pausa porque dije paren, acá va a haber un momento histórico. El chabón más rock que conozco va a decir lo que es el rock. Y el loco se ríe primero, después se pone serio y hace una bajada de blues en la guitarra y contesta: Es un conjunto de aciertos y errores. ¿Y cuando se ríe por qué se ríe? Porque seguro quiere decir yo soy rock, y tiene razón, pero no puede. Porque se acuerda capaz de algún día se portó mal con una mina y ve que ahí también se asoman las miserias que tiene. Entonces hace el blues y contesta. Y es muy noble esa respuesta”, cierra Federico, entre risas.